Patricio Reyes

Copec en el corazón

“Patricio tenía grabado a Copec en el cuerpo”. Así describen sus amigos el extraordinario vínculo de afecto que este concesionario forjó con la compañía.

Patricio Reyes Infante nació el 21 de octubre de 1936. Criado en una familia de marinos, se formó en la Escuela Naval; hasta el fin de sus días fue miembro del “Caleuche” (el centro de ex cadetes y oficiales de la Armada) y al hablar siempre se divertía usando jerga marina que sólo él entendía.

Con 20 años recién cumplidos, Patricio entró a Copec en 1956. Su primer trabajo -por curioso que parezca- fue vendiendo automóviles Chrysler; en paralelo, hizo un curso para ser jefe de zona.

1958 marcó un gran hito en su vida. Ese año Copec les ofreció facilidades a sus empleados para comprar motos alemanas a plazos. “Esa motoneta Zundapp era soberbia. No sólo iba a trabajar en ella: pololeaba, subía a Farellones, iba a la costa… era mi medio de transporte”, recordaba en 2008. Desde entonces, Patricio nunca más se bajó de las dos ruedas. Y en su imponente Harley Davidson lucía con orgullo dos emblemas: la insignia de la Escuela Naval y un antiguo logo de Copec.

En 1961, no dudó en viajar al extremo austral para convertirse en el primer Jefe de Zona de Copec en Punta Arenas, etapa que rememoraba como una experiencia crucial en su vida. En 1969 regresó a Santiago: en la casa matriz de calle Agustinas trabajó durante largos años en el área financiera; en la filial Serco también le tocó administrar el lujoso hotel que Copec tenía en Ralún.

En 1982 Patricio Reyes emprendió nuevos desafíos. Convertido en concesionario, le tocó estrenar las flamantes instalaciones de la nueva Estación de Servicio Copec Viel-Famae, a un costado de la entonces Av. Norte-Sur. Antes de emprender este desafío, cada día iba a mirar cómo avanzaba la construcción de las instalaciones.

En 1985, regresó a Copec como Gerente de Relaciones Públicas. Y luego volvió a su Estación de Servicio, donde controlaba todo con la precisión de un reloj. Con su impecable cotona blanca, se le veía siempre recorriendo las islas, atendiendo personalmente a los clientes para que se fueran contentos. Concesionarios que lo conocieron en esa época lo describen como un verdadero enamorado de su trabajo -”un hombre Copec”- y un tipo leal a toda prueba.

Para muchos, fue un verdadero profesor que apoyaba desinteresadamente a quienes daban los primeros pasos en la empresa. Muy temprano, recogía a sus colegas para chequear los precios de la competencia; sin pedir nada a cambio, aconsejaba sobre cómo elegir a los mejores atendedores; si tenía que poner el hombro para descargar un camión, ahí estaba.

Patricio Reyes siempre estuvo preocupado de su personal, de que su Estación de Servicio luciera impecable, de innovar para sacar adelante el negocio y de alinear a los concesionarios para mantener una relación fluida con Copec.

El cariño que siempre demostró por Copec era asombroso. En su cinturón lucía el logo de la compañía. El jardín de su casa estaba adornado por un viejo surtidor de combustibles. Y adentro -en una pieza que llamaba su “cámara”- mantenía un pequeño museo con recuerdos de Copec recolectados a lo largo de toda su vida.

Su última etapa en la compañía la vivió como concesionario de la Estación de Servicio de Vitacura 6380. Como siempre, lo acompañó María Victoria Ovalle, su esposa, “mano derecha” en los negocios y quien aún hoy trabaja en esa estación.

¿Cómo describir a Patricio? Sus amigos lo definen como un verdadero caballero, cálido y formal a la vez; un tipo recto, simpático y “buena persona”; un abuelo querendón que paseaba a sus nietos en su moto con sidecar.

Nuestro querido “Pato” Reyes falleció el 27 de octubre de 2014. Llevaba 58 años junto a Copec.